La dinámica competidora que caracteriza a las relaciones entre Francia e Italia bajo los respectivos gobiernos transversalistas, europeistas y teóricamente afines de En Marche y el Partido Demócrata ha abandonado el Mediterráneo para trasladarse a un nuevo teatro: África. Con motivo de la cumbre entre la Unión Europea y la Unión Africana celebrada por vez primera en suelo africano, concretamente en Abijan (Costa de Marfil), Enmanuel Macron y Paolo Gentiloni han aprovechado la oportunidad para reforzar o avanzar sus posiciones en el continente africano. Macron ha realizado una minigira previa al cónclave marfileño que le ha llevado a visitar Burkina Faso y Ghana, mientras que Gentiloni ha visitado Túnez y Angola. En el caso de Macron era su primera visita a África como presidente, a la que sin embargo ha dado un toque diferencial como diferencial es su figura rompiendo radicalmente con la pauta seguida por sus predecesores con respecto a las relaciones francoafricanas, pues Macron no ha ido a África a defender los intereses franceses sino los intereses europeos hecho al que si añadimos su paso por un país anglófono como Ghana supone una sorprendente superación del concepto de franceafrique. ¿Es Enmanuel Macron el primer presidente de la República Europea?
Mientras Macron ha actuado en África como presidente de la República Europea el primer ministro italiano Paolo Gentiloni ha sido más modesto, yendo a África a potenciar los intereses italianos. La primera etapa de su giro ha sido Túnez, país francófono pero próximo y estratégico para Italia, en donde ha apoyado su joven y frágil democracia, la única merecedora de tal nombre en el mundo árabe, cuya supervivencia y éxito no solo es vital para Italia sino también para Europa e incluso para el mundo árabe. Y es que Italia pretende asegurarse la estabilidad de su flanco sur conformado por Túnez y Libia garantizando con su apoyo la existencia de gobiernos sólidos capaces de cortar los flujos migratorios y erradicar el terrorismo islamista, cuya doble amenaza cuestiona la propia solidez democrática y europeista de Italia potenciando el extremismo ultraderechista de la Liga Norte. Por el momento esta estrategia no está resultando nada exitosa en Libia país que pese a los esfuerzos italianos está sumido en la guerra civil y la anarquía desde la caída de su histórico líder Muamar Gadhafi en 2011, personaje al que Silvio Berlusconi impulsó para derrocar tan fácilmente como potenció. Mejores resultados está dando la estrategia en Túnez cuya democracia, inédita y ejemplar en el mundo árabe, se mantiene contra viento y marea pese a la amenaza islamista con el quasi nonagenario liberal Beji Caid Essebsi al frente. La supervivencia de la democracia tunecina es vital para la derrota del fascismo islamista por lo que la Unión Europea debería empezar a pensar en la estrategia y los medios para garantizar un relativamente rápido y eficaz ingreso de los países que conforman el Maghreb (Marruecos, Argelia y Túnez) en los Estados Unidos de Europa como medio para garantizar definitivamente la estabilidad en el Mediterráneo y construir una estrategia ganadora para derrotar al Islamismo. Una gran estrategia similar a la que Juan Pablo II, Ronald Reagan y Margaret Thatcher confeccionaron a lo largo de la década de los años 80 del siglo pasado a través de Polonia y que que capaz de acabar con la amenaza totalitaria comunista.
Pero lo más sorprendente del giro de Gentiloni por África ha sido su visita a un país lejanísimo de la esfera de intereses italianos: ¡Angola!. Tras el espantoso ridículo diplomático portugués realizado por su presidente Marcelo Rebelo de Sousa con motivo de la toma de posesión del nuevo mandatario angoleño, revelador de la pérdida de influencia lusa en su excolonia, ha irrumpido en este emergente país un invitado inesperado: ¡Italia! Y es que los italianos pretenden asegurarse una fuente suplementaria de petróleo en el país africano ante la inseguridad del hasta ahora tradicional y seguro petróleo libio. Y por si fuera poco a modo de conclusión de su giro Gentiloni ha asegurado que Italia es el país europeo que más ha invertido durante el presente año en África subsahariana. Dato revelador de la fortaleza de un país cuyo parecido decadentista romano nada tiene que ver con la realidad. Y es que el extraordinario uso del softpower por parte de los gobiernos del Partido Democrático están dotando a Italia de una posición que ni en sueños Mussolini jamás pudo alcanzar.