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Marcelo Rebelo de Sousa, presidente portugués, en las playas de Luanda |
El pasado
26 de septiembre el
tercer presidente de la
Historia de Angola,
Joao Lourenço, tomó posesión de su cargo en Luanda tras haber ganado las elecciones celebradas un mes antes. Pese a la
relevancia adquirida por
Angola en el
contexto global a lo largo de la última década, circusntancia motivada por la
pacificación del país tras una de las más largas y crueles guerras de la historia de la humanidad, la
subida del
precio del petróleo y la
captación de talento europeo, especialmente portugués, fruto de la crisis económica experimentada por el viejo continente la ceremonia presidencial se ha caracterizado por la práctica
ausencia de dirigentes de las
potencias democráticas,
pese a las
importantes inversiones realizadas por la
élite angoleña en
Europa fruto de las ganancias petrolíferas a través de la hija del anterior presidente,
Eduardo Dos Santos,
Isabel Dos Santos. Y es que pese a los
beneficios que les reporta el régimen angoleño las potencias democráticas son conscientes que fotografiarse al lado del régimen angoleño no ofrece una buena imagen. ¿Todos piensan lo mismo? No, todos no a excepción de
Portugal, la exmetrópoli angoleña, que fue la
única potencia occidental representada en la ceremonia en la figura de su presidente,
Marcelo Rebelo de Sousa, quien incluso tuvo la ocasión de lucir palmito por las playas de Luanda. Este hecho le sirvió para notar el aprecio de los angoleños hacia Portugal pero la verdad es que el
nuevo presidente le hizo un feo cuando en su discurso inaugural
omitió citar a Portugal entre los paises que Angola considera amigos. Mal augurio para la relación entre ambos paises bajo el mandato del nuevo presidente. Y es que
Angola se siente ofendida por Portugal como consecuencia de la
imputación por corrupción activa del expresidente
Manuel Vicente hecho que considera como una violación de su soberanía. De este modo
Marcelo Rebelo da Sousa, un extertuliano con toques populistas, cometía un ridiculo espantoso al apoyar con su presencia en Luanda a un dictador africano con el que nadie en el mundo occidental quiere fotografiarse, siendo pese a ello completamente ignorado y despreciado por este. Una mala noticia que ahonda aún más el
desprestigio de la
política exterior portuguesa evidenciado con el
bloqueo por parte del gobierno portugués a la
adopción de sanciones por parte de la
Unión Europea contra el
régimen bolivariano venezolano de
Nicolás Maduro.
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