martes, 17 de octubre de 2017

Italia y Francia libran una lucha feroz por la hegemonía en el Mediterráneo

Pese a las sonrisas la verdad de las relaciones entre
Francia e Italia es la lucha por el Mare Nostrum 
A los dos meses de la llegada de Enmanuel Macron al Elíseo el presidente francés sorprendió a propios y extraños alcanzando el primer logro de su mandato: un acuerdo entre los líderes libios para poner fin a la Guerra Civil, formar un gobierno de unidad nacional y convocar elecciones. Este hecho cogió con el pie completamente cambiado a Italia, país que en su condición de exmetrópoli siempre había ejercido un papel influyente sobre Libia. Y es que pese a la similitud de color de sus respectivos gobiernos, grandes formaciones transversales nacidas en un contexto de complejidad globalizadora exigente de respuestas amplias, las relaciones entre Francia e Italia durante los primeros compases de la etapa Macron en vez de construirse sobre la cooperación se están construyendo sobre un contexto de feroz competencia. A los pocos días del anuncio sobre el acuerdo libio Italia contratacó con una no menos sorprendente oferta de compra sobre los astilleros de Saint Nazaire, uno de los puertos más importantes de Francia; instalación estratégica de primer orden ubicada en la costa atlántica junto a la desembocadura del Loira. Sorprendido a la par que ofendido por esta inesperada oferta italiana Francia amenazó con nacionalizar esta importante instalación portuaria que había estado en manos coreanas a través de la empresa STX, hasta que esta quebró siendo adquirida por la naviera pública italiana Fincantieri que tras comprar la parte europea de la empresa coreana se ha convertido en la cuarta naviera del mundo y la primera europea. Finalmente tras largas y arduas negociaciones los gobiernos francés e italiano han alcanzado un acuerdo en base al cuál el 50% del puerto quedará en manos italianas pero Francia mantendrá su control efectivo detentando el 51% restante. 

Así pues tras el golpe de efecto francés en Libia, Italia contratacaba haciéndose con la mitad del estratégico puerto francés de Saint Nazaire forzando las tablas en el marcador. Pero Italia no se conformó con el empate y prosiguió con su efectivo contrataque llamando a Roma a uno de los dos líderes libios, el general Haftar, logrando su sumisión a los propósitos italianos mediante el compromiso de cortar los flujos migratorios masivos que desde los puertos libios alcanzan las costas sicilianas. Gentiloni lograba remontar un partido frente a Macron que empezó perdiendo y que a bien seguro ofrecerá nuevos episodios emocionantes. Y es que probablemente Italia posea en estos momentos uno de los aparatos diplomáticos más eficaces del mundo cuya incansable y constante tarea le está permitiendo asegurar su condición de potencia hegemónica del Mediterráneo, en feroz competencia con Francia, controlando un país absolutamente estratégico de la ribera sur del Mediterráneo así como el sector eléctrico español y una instalación estratégica francesa de primer orden, mientras asienta su posición influyente en la UE como uno de los mayores y más activos pasados y presentes agentes de europeización.

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